sábado, 19 de septiembre de 2026

ASALTO A LAS VALLAS: MARRUECOS Y LA POLÍTICA EUROPEA CONTRA LA INMIGRACIÓN[1]

Elie Goldschmidt[2]

Resumen: El artículo aborda un importante asunto en las relaciones entre Marruecos y la Unión Europea: la cuestión migratoria. En un momento en el que se endurecen las políticas migratorias de la UE, Marruecos se ha convertido en un Estado clave para Europa y está siendo sometido a presiones por parte de los veintisiete para que refuerce el control de sus fronteras, mientras que el Estado magrebí usa la baza de la migración para presionar sobre las fronteras europeas y obtener así beneficios geoestratégicos y económicos. En vista de los recientes acontecimientos, el citado artículo, escrito en el año 2006, resulta ser de lo más actual y gran parte de las claves en él analizadas siguen estando de plena actualidad.

“¡‘Langostas negras’ están tomando Marruecos!” Así arrancaba el titular de al-Shamal –un periódico de Tánger en lengua árabe– el 12 de septiembre de 2005. En él se describían las incursiones de montones de subsaharianos tratando de escalar las vallas de seguridad que separan Marruecos de los enclaves de Ceuta y Melilla, gobernados por España. Las autoridades marroquíes prohibieron de inmediato a al-Shamal que empleara ese lenguaje racista, pero la prensa de ambos lados del Mediterráneo continuó usando términos como “invasión masiva” y “plaga” para describir los reiterados intentos que en septiembre y comienzos de octubre llevaron a cabo los inmigrantes subsaharianos con el fin de escapar de África hacia territorio de la Unión Europea.

Si no fuera por el trágico destino de los aspirantes a inmigrante –tanto hombres como mujeres, algunos acompañados de menores de edad–, el audaz asalto a las vallas no habría atraído mucho la atención internacional. De los que intentaron entrar en el fortín europeo de Ceuta la noche del 28 de septiembre, cinco fueron asesinados y más de cien heridos. Seis más cayeron en la frontera de Melilla el 6 de octubre, y el total de muertos a causa de las incursiones se estima en quince. Según se dice, algunos de los muertos fueron abatidos por fuego marroquí y español, y otros se informa que cayeron o fueron arrojados por debajo de las vallas.

Enfurecidos por la abundante cobertura informativa de los medios de comunicación, las fuerzas de seguridad marroquíes dieron caza a los africanos indocumentados que acampaban en las montañas que rodean Ceuta y Melilla, deteniendo a varios cientos en pocos días. Inicialmente, Marruecos deportó a los detenidos hacia Argelia, a través de un puesto de control no oficial en Oujda. Aunque la frontera entre Argelia y Marruecos ha permanecido cerrada desde 1994, Oujda se ha convertido en el principal punto de entrada y de expulsión para los inmigrantes clandestinos en Marruecos. Médicos Sin Fronteras informó el 12 de octubre que algunos de los emigrantes también fueron abandonos sin comida ni agua en una zona desértica del sur. De acuerdo con el funcionario del Ministerio del Interior Khalid Zerouali, otros tres mil seiscientos africanos fueron ubicados más tarde en veintidós vuelos directos de regreso a sus países de origen –una acción sin precedentes en la lucha del Estado marroquí contra la inmigración ilegal.[3]

Estos hechos conmocionaron a la comunidad internacional. Las críticas por parte de los medios de comunicación –sobre todo los del sur en su conjunto– fue enorme, al igual que las protestas de las organizaciones de derechos humanos. Las fuerzas de seguridad españolas y marroquíes fueron acusadas de haber empleado munición real contra personas que buscaban refugio. España fue acusada de enviar de vuelta a suelo marroquí a algunos de los emigrantes –una práctica que se ha convertido en habitual en los enclaves de Ceuta y Melilla–, contraviniendo así las leyes de asilo de la UE. Por último, los marroquíes fueron acusados de haber arrojado al desierto en condiciones inhumanas a los africanos indocumentados, antes de expulsarlos a Argelia o enviarlos a casa por la fuerza.

La campaña de arrestos y deportaciones de subsaharianos refleja la necesidad del Estado marroquí de limitar la afluencia de inmigrantes, así como la complejidad de sus intereses regionales. Sin embargo, lo que provoca la inmigración ilegal y su posterior represión es la política de la UE, cada vez más restrictiva respecto a la inmigración a pesar de la necesidad de mano de obra y de crecimiento de la población en los países miembros de la UE. Esta política no ha dejado de endurecerse y se ha manifestado en forma de unos Estados europeos que sitúan la reducción de la inmigración y la lucha contra el contrabando y la delincuencia internacionales bajo el lema de detener el terrorismo, tras los ataques del 11 de marzo de 2004 en Madrid y del el 7 de julio de 2005 en Londres.

Cerrando las puertas

En 1985, el mismo año en el que la UE creó el “espacio Schengen”, una zona interna de libre tráfico, la UE cerró sus puertas a quienes buscaban entrar desde el gran sur. Como consecuencia, el número de visados concedidos a quienes proceden del sur ha disminuido dramáticamente en todas las categorías –estudiantes, profesores universitarios, pequeños comerciantes y visitas de familiares. En los años siguientes aumentó el número de personas que deseaban emigrar, sobre todo entre los jóvenes de clase media, a la vez que disminuía la esperanza de una transición democrática en muchos países del sur. La inmigración clandestina, mucha de ella controlada por redes internacionales, aumentó con rapidez. Para evitar los controles fronterizos europeos, quienes deseaban emigrar comenzaron a viajar hasta las fronteras de la UE para, desde allí, intentar cruzar ilegalmente con la ayuda de contrabandistas. Habiendo penetrado en el espacio Schengen, los inmigrantes solicitaban asilo político, la única posibilidad que les permitía obtener una residencia temporal y así evitar la expulsión. Marruecos, junto a otros países mediterráneos fuera de la UE, se convirtió en un punto de paso para la migración a nivel global.

Antes de su entrada en la UE en 1986, España no era un país de tránsito para los inmigrantes, y las fronteras de Ceuta y Melilla eran relativamente porosas. No obstante, con el flujo creciente de inmigrantes ilegales durante los años noventa, España fue obligada a reforzar sus controles fronterizos en Ceuta y Melilla. Según un acuerdo de 1992, Marruecos aceptó la devolución de los inmigrantes que hubieran entrado ilegalmente en España desde su territorio. En la práctica, el acuerdo se ha aplicado sobre todo a los marroquíes. Desde 2002, sin embargo, los guardias españoles en Ceuta y Melilla han comenzado a devolver a Marruecos, sin el procedimiento adecuado, a los subsaharianos solicitantes de asilo. Aunque esta práctica no ha disuadido a los inmigrantes, sus nuevos intentos por entrar en Europa sin documentación se han vuelto más difíciles, más costosos y más peligrosos.

No sabemos si España pudo haber presionado a Marruecos para emprender la campaña de arrestos y deportaciones en octubre de 2005. Sin embargo, las organizaciones de derechos humanos están preocupadas por una forma de presión más sutil y sistemática. En efecto, Europa ha aceptado la participación de los Estados del sur y del este del Mediterráneo en el proceso de integración económica, estratégica y cultural en la UE iniciado en Barcelona, a condición de que estos países cooperen para frenar la inmigración ilegal hacia Europa[4] 

En la cumbre de enero de 1999 en Tampere, donde la UE creó el Grupo de Alto Nivel “Asilo y Migración”, se insistió en convertir Marruecos en un Estado tapón para reducir la presión migratoria en la frontera sur de la UE[5]. A raíz de la declaración hecha en marzo de 2003 por el primer ministro británico Tony Blair, según la cual era necesario un “nuevo planteamiento acerca de los refugiados”, los dirigentes europeos aprobaron en la cumbre de Florencia de octubre de 2004 la idea de construir fuera de las fronteras europeas “centros de procesamiento del tráfico” para inmigrantes potenciales. En la práctica, desatendiendo la Convención de Ginebra sobre los refugiados, las personas que entraran de manera ilegal en la UE serían devueltas en grupo a los Estados fronterizos, sin controlar de un modo personalizado su nacionalidad, su ruta migratoria ni sus razones para buscar refugio en la UE, y después de haber sido confinadas en zonas de detención especiales. Estas zonas ya existen en la UE, en las áreas de tránsito de los aeropuertos, donde el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y las organizaciones de derechos humanos tienen poco acceso, así como en los campamentos fronterizos de Ceuta, la isla italiana de Lampedusa, las Islas Canarias y algunas islas griegas. La creación de centros de internamiento en las zonas fronterizas de la UE facilitaría la deportación de personas indocumentadas.

Poco a poco, la UE está sometiendo la cuestión migratoria a lo que Giorgio Agamben llama “estado de excepción” o “estado de emergencia”[6]. El filósofo italiano afirma que el actual modelo político de occidente está más cercano a los campos de detención –como las áreas de tránsito de la UE o la Bahía de Guantánamo– que a la ciudad-estado, y que las personas, en especial los “extraños”, son cada vez más a menudo objeto de la violencia estatal al margen del ámbito jurídico, preferiblemente en espacios fuera del propio territorio[7]. En la era de la lucha global contra el terror, el estado de excepción de Agamben es, por desgracia, un paradigma apropiado para comprender la reciente evolución de la política europea sobre inmigración.

Dado que la política del cierre de puertas fracasó a la hora de detener la inmigración y el número de inmigrantes indocumentados siguió aumentando, la UE respondió, por un lado, aumentando las medidas de seguridad en las fronteras y, por el otro, con masivas campañas de “regularización” de inmigrantes indocumentados. Pero incluso esta respuesta no ha sido lo bastante enérgica para reducir radicalmente la inmigración. Beneficiándose de los menores derechos de los que disponen los inmigrantes en los países del sur del Mediterráneo, la UE ha conseguido persuadir a otros países para que impongan el “estado de excepción” en nombre del fortín europeo. La actuación del Estado marroquí en octubre de 2005 es un ejemplo al respecto.

Cruzar el desierto

"Las nueve millas desde Tánger a Algeciras han llegado a ser como las 5.000 millas desde Kinshasa a Bruselas. Dios, Nuestro Padre Celestial, ahora es Tu problema." Canción popular de los emigrantes compuesta por el emigrante congoleño El Pacha Docha

La mayoría de los subsaharianos que llegan al Magreb lo hacen por tierra, en camiones, viajando por etapas de diversa duración, acosados por el calor y el frío del Sahara, y por la amenaza del crimen organizado o el robo en los caminos a manos de policías y soldados. Algunos mueren de deshidratación y son enterrados en la arena por sus propios compañeros de viaje, usando un simple pedrusco para indicar sus tumbas. A pesar de su fama de exóticas para los viajeros occidentales, las paradas en las ciudades de las viejas caravanas de sal, oro y esclavos –Tamanrasset, Gao, Agadez, Timbuktu– raramente inspiran ningún deseo de volver a los emigrantes en ruta hacia Europa. ¿Quién desearía desandar sus pasos a través del infierno?

Los que llegan sanos y salvos a Marruecos encuentran otras dificultades. Dado que no tienen documentación y disponen de pocos recursos, a menudo se hacinan, en precarias condiciones, en campamentos improvisados a las afueras de las ciudades. En un Marruecos donde el desempleo hace estragos, sobreviven como buenamente pueden. Algunos viven de sus ahorros, a otros los mantienen miembros de su familia ya establecidos en Europa, quienes les envían dinero. Quienes no tienen recursos ni parientes en el extranjero deben luchar vendiendo de puerta en puerta o suplicando la caridad islámica como mendigos frente a las mezquitas o en las calles. En la letra de la canción citada antes, las “nueve millas” son la distancia entre la costa marroquí y la española. Escrita en lingala[8] y cantada por muchos emigrantes en tránsito por Marruecos, la canción describe la decepción de quienes, después de haber viajado durante meses o años, pueden ver las luces de Europa en una noche clara pero descubren la dificultad de penetrar en el fortín europeo. Su compositor, El Pacha Docha, abandonó Kinshasa en 1998, cruzó África occidental y el Sahara, y se movió entre Libia, Egipto y Arabia Saudí buscando un camino hacia Europa. Finalmente probó suerte en Marruecos, pensando que el Estrecho de Gibraltar resultaría fácil de cruzar. Por desgracia, llegó demasiado tarde: la edad de oro para poder cruzar la frontera entre Marruecos y España había llegado a su fin. Hacia el año 2000, España había construido una barrera protectora en torno a sus enclaves de Ceuta y Melilla formada por una doble valla coronada con alambres de espino. Muchos emigrantes, como el propio Pacha Docha, se vieron atrapados en Marruecos. La única esperanza que les quedaba a los extranjeros indocumentados en un país rodeado por un océano de agua y un mar de arena era entrar en la UE por cualquier medio posible. Pero como consecuencia del atasco producido por el aumento de los controles fronterizos españoles, el precio del pasaje se había disparado fuera de su alcance. Los territorios fronterizos con Europa, como Marruecos, se han convertido en espacios de sufrimiento donde el control y la represión han reducido a los emigrantes a lo que Agamben describe como una “vida vacía”.[9]

En contraste con la imagen de los medios de comunicación, la mayoría de los emigrantes no son los más pobres de entre los pobres en sus propios países. El viaje clandestino cuesta entre cinco mil y treinta y cinco mil dólares, dependiendo de la red que lo organice. Muchos emigrantes son pequeños comerciantes que venden sus negocios, o dueños de tierras que hipotecan sus propiedades para pagar el caro viaje. Algunos poseen educación superior y han recibido formación profesional.

La inquebrantable voluntad de los emigrantes por cruzar a Europa a cualquier precio, tan gráficamente ilustrada por el asalto a las vallas que rodean Ceuta y Melilla, se explica mejor por la gran inversión que hacen para alcanzar la frontera, su miedo a tener que volver a cruzar el Sahara y su desesperación por quedar atrapados en el camino. La ruta hacia la UE forma parte de un “entramado” desde el cual no es posible salir excepto por medio de la deportación forzosa[10]. Gracias a su tenacidad, muchos de los emigrantes consiguen entrar en Europa de algún modo.

Aunque no hay estadísticas precisas sobre el flujo de emigrantes ilegales, los observadores han estimado que la población de subsaharianos es de decenas de miles en cada uno de los países del Magreb. En Marruecos se estima que varía entre diez mil y cuarenta mil. Las primeras olas de migraciones hacia Marruecos en la era Schengen, después de la época de las migraciones en busca de empleo de los años setenta y ochenta, estaban compuestas por senegaleses y gambianos. Durante siglos, los senegaleses han peregrinado a los lugares santos de Fez para honrar a Ahmad al-Tiyani, fundador de una hermandad sufí que es la corriente principal del Islam en África occidental[11]. Por tanto, su presencia es tolerada y los emigrantes pueden contar con redes de apoyo entre los peregrinos y marabuts[12] senegaleses en las principales ciudades marroquíes. Los nigerianos anglófonos comenzaron a llegar a Marruecos a comienzos de los años noventa. Se organizan en torno a poderosas redes y se benefician del importante intercambio comercial entre Nigeria y Marruecos. Los siguientes en llegar fueron los ghaneses y los malienses, seguidos por emigrantes de otras partes de África. Estos últimos emigrantes ilegales, procedentes de mucho más lejos, representan una minoría en el flujo dominado por emigrantes de Senegal, Nigeria y Malí.

Hacer frente al Estrecho de Gibraltar

Hasta del año 2000, cruzar las fronteras de Ceuta y Melilla no era especialmente peligroso, aunque no era tan accesible como tomar una patera para cruzar el Estrecho de Gibraltar o bien dirigirse hacia las Islas Canarias, o atravesar las fronteras con documentos de identidad falsos. Los inmigrantes que entraban en Ceuta y Melilla todavía no habían penetrado realmente en el fortín. Una vez dentro de estos enclaves, debían solicitar asilo político y, antes de continuar, esperar una respuesta durante varias semanas o meses. Las ONGs españolas –la Cruz Roja española en Melilla y el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) en Ceuta– establecieron oficinas en estas ciudades a comienzos de los noventa para que estos inmigrantes se sintieran bien acogidos durante su espera. En este sentido, las autoridades españolas apoyaron a las ONGs, y no sólo porque éstas se hicieran cargo de los inmigrantes durante su estancia. El paso por vía marítima con documentación falsa hacía imposible determinar cuántas personas estaban entrando en la UE, y por eso las autoridades preferían atraer a los inmigrantes a espacios como los campamentos de tránsito en Ceuta y Melilla, donde podrían ser controlados antes de permitirles entrar en Europa o empujarlos de regreso a Marruecos. Las ONGs pro derechos humanos que establecieron los campamentos o los puestos de asistencia en las rutas migratorias no pueden evitar su contribución involuntaria al control de los inmigrantes ilegales y, por tanto, a la política contra la inmigración. Este hecho explica su escaso número y el alcance limitado de su actividad. Los inmigrantes son muy conscientes del ambiguo papel desempeñado por estas instituciones de beneficencia y, en general, desconfían de ellas.

Dado el creciente número de inmigrantes, los agentes de policía marroquíes aumentaron las detenciones y las deportaciones a Argelia, en particular después de los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington. Una unidad especial de la policía fue la encargada de ocuparse de la inmigración, y poco después del ataque terrorista islamista de Casablanca el 16 de mayo de 2003, el parlamento marroquí introdujo nuevas leyes para el control de la inmigración y la lucha contra el terrorismo. Estas medidas no podrían detener el regreso encubierto de los inmigrantes desde Argelia a sus residencias temporales en Marruecos –a pie, escondidos en el maletero de los taxis o incluso en transporte público, cruzando las montañas del Rif. Sin embargo, empobrecen cada vez más a los inmigrantes. Sin dinero ni esperanza de encontrar “buenos papeles” para cruzar en barco, su única opción para sobrevivir fue acampar de manera ilegal en la espesura, a pocas millas de Ceuta y Melilla. Desde allí podrían “atacar” (usando la expresión de los propios inmigrantes) las vallas de seguridad por la noche, en grupos de cinco o seis, o todos a la vez. El primer asalto colectivo a la frontera de Ceuta se produjo la Nochevieja de 1999-2000. Aprovechando que las fuerzas de seguridad españolas celebraban el año nuevo, quinientos inmigrantes, soñando con entrar en Europa y en el siglo XXI al mismo tiempo, treparon por las vallas. Para 2005, miles de ellos esperaban entre la maleza para “atacar” los puestos avanzados españoles.

Buscando refugio

Ceuta ha permanecido bajo soberanía española desde 1497 y Melilla desde 1580. España afirma que Marruecos no era entonces un Estado, y por eso rechaza las exigencias de este país para que le sean devueltos los enclaves coloniales, a los cuales Marruecos se refiere como “territorios ocupados”. Rodeados, respectivamente, por las colinas de Gourougou y Ben Younech y por las montañas del Rif, los dos puertos siempre han sido refugio para los contrabandistas, y más recientemente para los traficantes de droga. La zona montañosa del norte de Marruecos posee una larga historia de lucha por la autonomía, primero contra la ocupación de la costa marroquí por parte de España, y luego con la rebelión dirigida por Ibn 'Abd el-Karim El-Jattabi contra españoles y franceses. Poco después de que Marruecos declarara su independencia de Francia en 1956, la región se reveló contra la monarquía. Esa revuelta continuó hasta su sangrienta derrota a manos de las tropas lideradas por el futuro rey Hassan II y el general Mohamed Oufkir. Mientras fue rey, Hassan II abandonó el Rif a su propia suerte. La economía que se desarrolló en esta región dominada por los bereberes se centró en el cultivo y el comercio del hachís, el contrabando, la importación ilegal de gasolina desde Argelia y los envíos de dinero de aquellos que se vieron obligados por el desempleo a emigrar a Europa.

El cannabis, al parecer introducido por los árabes en el siglo VII, ha sido el cultivo más importante en el Rif desde los años noventa, y Marruecos se ha convertido en el primer productor de mundial de cannabis[13]. La mayoría de las fuentes coincide con la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) en que el aumento del cultivo de hachís en el Rif genera comercio por valor de al menos doce mil millones de dólares al año. Los funcionarios marroquíes piensan que por lo menos diez mil familias del Rif se mantienen gracias a su cultivo[14]. En una economía vinculada tan estrechamente con el contrabando, los primeros inmigrantes del África subsahariana no tuvieron dificultad en convencer a la población local para que permitiera su presencia. Podrían pagar por su pasaje, engordando los ingresos de los contrabandistas marroquíes y españoles, y cuando cruzaban la frontera en grupos servían para que los policías de frontera españoles desviaran su atención del comercio ilegal. Aunque la pobreza es endémica entre los rifeños marroquíes, muchos inmigrantes son capaces de obtener comida –por lo general de manera gratuita– o incluso un poco de dinero. El espíritu de autonomía de los rifeños marroquíes respecto al Estado, la caridad islámica y la simpatía hacia los inmigrantes compensan, junto con los beneficios del contrabando, la carga impuesta por estos huéspedes un poco molestos.

Sin embargo, como el número de inmigrantes aumentó, éstos comenzaron a ser un obstáculo en las actividades de contrabando. En épocas normales, un pequeño contrabandista podría ganar un mínimo de cincuenta dólares al día transportando contrabando a través de las vallas de seguridad que rodean Ceuta y Melilla. Con unos controles de la frontera más estrictos para luchar contra la ola de inmigrantes ilegales, los ingresos de miles de traficantes y sus familias comenzaron a derrumbarse. Los intentos recientes de la policía marroquí de reducir la producción de cannabis en el Rif probablemente aumentarán los problemas económicos en la región.[15]

Los tres aspectos del problema

La crisis migratoria ha puesto al Estado marroquí entre la espada y la pared. Europa está presionando mucho para que Marruecos y otros países mediterráneos refuercen la seguridad en sus fronteras con el fin de luchar contra el terrorismo y la inmigración ilegal. Sin embargo, las remesas de dinero enviadas por los dos millones y medio de emigrantes marroquíes en todo el mundo y la capacidad de Eldorado europeo para tener distraída a la juventud marroquí desempleada sugieren que la emigración continuará siendo una vaca sagrada en este país, y el Estado no la confundirá con el terrorismo. A corto plazo, el proceso de Barcelona no tiene mucho que ofrecer para garantizar la cooperación marroquí, y en las cumbres euro-mediterráneas de octubre y noviembre, Marruecos y otros países del sur mostraron su falta de entusiasmo. Tal y como lo ven los marroquíes, las posibilidades a largo plazo para acercarse a Europa están estrechamente vinculadas con el creciente papel político de la importante comunidad norteafricana establecida ya en Europa occidental. Aun suponiendo que Europa tenga éxito en la firma de acuerdos sobre inmigración con Marruecos, su eficacia no es nada segura, pues no impedirá que los inmigrantes empujados de nuevo a Marruecos no traten de abrir brecha en las paredes del fortín europeo por otros medios. Deportar a los inmigrantes a sus países de origen, como desearía la UE, probablemente proyectaría una mala imagen de Marruecos en África.

Desde la Conferencia de Casablanca de 1961, precursora de los pactos de la Organización para la Unidad Africana (OUA), el reino de Marruecos ha tenido cuidado en preservar sus relaciones diplomáticas con los países africanos, especialmente con el Congo (antes Zaire), donde ha intervenido varias veces bajo tutela internacional para restablecer la ley y el orden. La cooperación educativa y militar con países como Guinea y Mauritania, y las exenciones de visado para entrar en Marruecos, han fortalecido los lazos entre africanos y marroquíes. Marruecos también es miembro de la Comunidad de Estados del Sahara y del Sahel (COMESSA), establecida para fortalecer el desarrollo económico y la cooperación en materia de seguridad entre sus veintiún miembros. El intercambio económico con los países africanos ha aumentado diez veces desde la década de los noventa, y los emigrados marroquíes llevan a cabo importantes operaciones comerciales en todo el África occidental. La apertura de Marruecos a África, reforzada por el rey Mohamed VI, ha sido principalmente motivada por la necesidad de apoyo internacional en el conflicto sobre el Sahara occidental, un territorio reclamado por Marruecos. Con el transcurso del tiempo, esta política ha dado sus frutos: muchos países africanos han retirado su apoyo a la República Árabe Saharaui en favor de Marruecos.

En tercer lugar, la aplicación de los controles fronterizos de la UE por parte de las fuerzas armadas marroquíes podría tener consecuencias preocupantes para un Rif tradicionalmente rebelde. El gobierno marroquí es consciente de que esta empobrecida región tendrá que cambiar el cannabis por otros cultivos en algún momento del futuro. Pero, entretanto, un control más severo de la frontera con España podría asfixiar la economía rifeña, y el riesgo de conflicto es demasiado grande como para justificar que los servicios de seguridad marroquíes puedan encender la mecha. Comparado con la defensa de esta serie de intereses africanos y marroquíes, no parecen mucho los cincuenta y tres millones de dólares prometidos a Marruecos por la UE (algunos de los cuales ya han sido transferidos) para luchar contra la inmigración clandestina.

De “gendarme” a “víctima”

Marruecos ha adoptado el papel de víctima[16] frente a las acusaciones de laxitud por parte de la UE, aunque a su vez los medios de comunicación africanos y las ONGs califiquen a este país como el “gendarme de Europa”. La prensa marroquí insiste constantemente en que Marruecos ha absorbido la miseria de sus vecinos pobres del sur, y nunca pierde la oportunidad de mencionar que, aunque Marruecos ha mantenido oficialmente cerrada la frontera con Argelia desde 1994, la gran mayoría de los aspirantes a inmigrante llega a través de Argelia, y más recientemente a través del área de Tinduf, la cual alberga a los refugiados saharauis[17]. El Frente Polisario, que representa las aspiraciones independentistas saharauis, es acusado de facilitar este paso ilegal de la frontera[18]. La deportación de subsaharianos al desierto en octubre de 2005 y la consiguiente publicidad que le dieron los medios de comunicación, sin duda estaban dirigidas a atraer la atención internacional sobre estas afirmaciones en las cuales se acusa a Argelia y el Polisario, enemigos tradicionales de Marruecos, de estar dirigiendo a los inmigrantes hacia Marruecos. Según una recurrente teoría de la conspiración, el gobierno argelino fomentaría la migración ilegal para desestabilizar Marruecos y desacreditarlo a los ojos de Europa y África.

Argelia, por su parte, replica que Marruecos se deshace unilateralmente de los inmigrantes subsaharianos abandonándolos en el desierto argelino, en el sur o en cualquier otro lugar de la frontera. Los argelinos reconocen que hay inmigrantes que cruzan la frontera por el área de Tinduf, pero objetan que Maruecos los devuelve a todos ellos, al margen de su ruta de tránsito.

En cualquier caso, el gobierno marroquí también presiona con exigencias cada vez mayores, incluso a través de los medios de comunicación: una solución al problema de la lucha contra la inmigración clandestina dependería de que Marruecos recuperase los “territorios ocupados” de Ceuta, Melilla y algunas pequeñas islas[19]. Estas reivindicaciones territoriales gozan de un respaldo unánime en Marruecos y están en línea con las orientaciones políticas de la derecha nacionalista, de las tendencias islamistas (dado que España es un país cristiano) y de la izquierda, tradicionalmente “anticolonialista”. De este modo, el asunto de la inmigración es utilizado por el régimen como un instrumento de presión en sus reivindicaciones territoriales y para fomentar la unidad nacional.

A la luz de esta postura ambivalente del gobierno, asumiendo a la vez el papel de víctima y el de policía, la dificultad de las organizaciones marroquíes de derechos humanos resulta evidente. Si bien han estado circulando varias peticiones en contra de estas políticas represivas, factores políticos como el amplio consenso nacional contra la inmigración y el riesgo de hacer frente a acusaciones de conspiración contra el Estado, han impedido a estas organizaciones protestar de manera eficaz en esta cuestión. La capacidad de movilización de las asociaciones marroquíes de derechos humanos también se ve afectada por el predominio sobre el terreno de ONGs cristianas como Cáritas y Cimade, así como por la influencia indirecta de ACNUR, la principal organización financiada por las Naciones Unidas. Los intentos de unir fuerzas con organizaciones extranjeras por razones económicas se ven socavados por el riesgo a ser identificados con intereses “cristianos” u “occidentales” y, por tanto, intereses alejados de la sociedad civil marroquí, la cual a su vez produce un alto número de emigrantes.

Exportando la política antimigratoria

Con 1.254 millas de fronteras terrestres y 1.140 millas de costa, no resulta nada probable que Marruecos pueda mantener bajo control el flujo de inmigrantes sin recibir ayuda. Aun suponiendo que se hiciera realidad el sueño marroquí de recuperar Ceuta y Melilla o que las nuevas vallas fueran lo bastante altas como para no poder saltarlas, nada impedirá a los inmigrantes tomar otras rutas hacia Eldorado del norte. Europa no se opone a la importación de mano de obra, sino que la política de la UE contra la inmigración está principalmente motivada por cuestiones de política interna y de identidad, así como por la vinculación entre inmigración y terrorismo. En el caso improbable de que la UE lograra controlar todas las rutas de inmigración hasta sus puertas, este proyecto aún tardaría años. La inmigración clandestina no está en vías de desaparecer.

Sin embargo, continúa exportándose de manera eficaz la política antimigratoria de la UE a las zonas fronterizas con Europa. La presión de la UE y, en compensación, los beneficios prometidos en el proceso de Barcelona, parecen haber creado un modelo similar en todos los países del sur del Mediterráneo. Se han creado campos de internamiento en Túnez y Libia y, después de los incidentes en Marruecos, Argelia ha deportado a miles de subsaharianos a su frontera sur[20]. En enero de 2006, la policía egipcia arremetió contra una manifestación de solicitantes de asilo sudaneses, matando al menos a veintisiete, y probablemente a muchos más, según fuentes de las ONGs.[21]

El deseo de aislar Europa detrás de muros infranqueables implica un riesgo de estrangular a las regiones periféricas. ¿Cómo reaccionará el Rif frente a una dramática reducción de su comercio familiar y del tráfico de cannabis? El descontento allí dará al fortín europeo una buena excusa para aumentar su aislamiento y ampliar aún más sus mecanismos de control fuera de sus fronteras. Mientras tanto, penalizados por su origen nacional y su extracción social, empobrecidos por su largo viaje, golpeados o violados cuando cruzan la frontera, explotados y marginados a su llegada al fortín europeo, y usados como peones en el tablero político de los regímenes de los países de tránsito,  los inmigrantes – tales como los subsaharianos refugiados en el Rif– siguen siendo un producto rentable.

BIBLIOGRAFÍA DE CONSULTA 

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[1] Publicado en Middle East Report nº 239, verano de 2006. Versión en español publicada en la revista Alif Nûn nº 61, junio de 2008. (Nota de la Redacción).

[2] El autor es antropólogo social y cultural por L’Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales [EHESS] de Paris. Está especializado en la emigración desde África a Europa. Agradece a Mesky Bhrane, Daniel Monterescu y Marie Cordié sus útiles comentarios sobre las primeras versiones de este texto.

[3] Le Matin du Sahara et du Maghreb, 3 de diciembre de 2005.

[4] Para más información sobre el proceso de Barcelona, véase Sheila Carapico, “Euro-Med: European Ambitions in the Mediterranean”, en Middle East Report nº 220, otoño de 2001.

[5] Para más detalles, véase Francisco Javier Moreno Fuentes, “Evolution of Spanish Immigration Policies and Their Impact on North African Migration to Spain,”, en Hagar: Studies in Culture, Polity and Identities 6/1, primavera de 2005.

[6] Véase Giorgio Agamben, State of Exception, University of Chicago Press, Chicago, 2005.

[7] Los llamados “vuelos secretos” de la CIA (ochocientos, según el informe AMR 51/198/2005 de Amnistía Internacional), con el consentimiento tácito de los países de la UE, para transportar personas a terceros países donde obtener información de las mismas mediante tortura, es un ejemplo de lo arriba afirmado. (Nota de la Redacción).

[8] El lingala es el idioma más hablado en África Central, siendo mayoritario en países como la República Democrática del Congo. (Nota de la Redacción).

[9] Véase Giorgio Agamben, Homo Sacer: Sovereign Power and Bare Life, Stanford University Press, Stanford (CA), 1998.

[10] Para mayor información sobre este concepto, véase Elie Goldschmidt, “Migrants congolais en route vers l’Europe,” en Les Temps Modernes 620–621, agosto-septiembre de 2002.

[11] Para más información, véase Lamin Sanneh, La corona y  el turbante: el Islam en las sociedades de África occidental, Edicions Bellaterra, Barcelona, 2001; A. Popovic / G. Veinstein (ed.), Las sendas de Allah, Edicions Bellaterra, Barcelona, 1997; Antonio de Diego, Sufismo negro: una breve historia del sufismo en África Occidental, Editorial Almuzara, 2019. (Nota de la Redacción).

[12] Marabut es el nombre que reciben los maestros de las órdenes sufíes en muchos países del África subsahariana musulmana. En ocasiones se les atribuye poderes taumatúrgicos. (Nota de la Redacción).

[13] Para más detalles, véase James Ketterer, “Networks of Discontent in Northern Morocco: Drugs, Opposition and Urban Unrest,” en Middle East Report nº 218, primavera de 2001.

[14] Le Matin du Sahara et du Maghreb, 20 de julio de 2005.

[15] Para más detalles sobre la nueva ofensiva contra la droga en el Rif, véase Le Matin du Sahara et du Maghreb, 14 de marzo de 2006.

[16] Sobre el planteamiento general de la política migratoria marroquí, véase Abdelkrim Belguendouz, Le Maroc non africain gendarme de l’Europe?, Belguendouz, Rabat, 2003.

[17] Véase, por ejemplo, Le Matin du Sahara et du Maghreb, 25 de octubre de 2005.

[18] Le Matin du Sahara et du Maghreb, 15 de octubre de 2005.

[19] Estas islas son el peñón de Vélez de la Gomera, el islote de Alhucemas y las islas Chafarinas, situadas todas ellas frente a la costa marroquí. (Nota de la Redacción).

[20] Al-Mujahid, Argel, 20 de diciembre de 2005.

[21] Sobre la migración en tránsito dentro de Egipto, véase Fabienne Le Houérou, Forced Migrants and Host Societies in Egypt and Sudan, American University of Cairo Press, El Cairo, 2006.

viernes, 28 de agosto de 2026

 LA VÍA DE LA NEGACIÓN ABSOLUTA:
El movimiento laysiyya en el sufismo, sus raíces teológicas y su diálogo con el misticismo universal

Equipo de Redacción

Resumen: El presente artículo analiza el movimiento místico y filosófico conocido como laysiyya (o sab'iniyya), surgido en el seno del sufismo andalusí durante el siglo XIII. Caracterizado por un monismo absoluto y una ontología radical de la unidad, el movimiento llevó la premisa de la unicidad divina (tawhid) a sus últimas consecuencias. A través de figuras como Ibn Sab'in, al-Shushtari y Awhad al-Din al-Balyani, se explorarán sus conceptos fundamentales y sus tensiones con la ortodoxia. Asimismo, se traza un puente genealógico y comparativo ineludible con la teología apofática del chiismo ismailí (con autores como al-Sijistani y al-Kirmani), para finalmente establecer un marco de misticismo comparado que relaciona estos dogmas con el advaita vedanta, el budismo zen y el misticismo cristiano.

1. Introducción: Contexto, etimología y radicalidad de la laysiyya

El siglo XIII en Al-Andalus y el Magreb fue un período de clímax espiritual e intelectual, marcado por la confluencia de la filosofía peripatética (falsafa) y el misticismo islámico (tasawwuf). En los márgenes de la célebre escuela de la Unidad del Ser (Wahdat al-Wuyud) articulada por Muhyiddin Ibn 'Arabi, se gestó una corriente de una radicalidad ontológica aún mayor: la laysiyya.

El término deriva de la partícula negativa árabe laysa ("no es" o "no hay"). Si la piedra angular del islam, la shahada, declara La ilaha illa Allah ("No hay dios sino Dios"), los pensadores de la laysiyya elevaron esta declaración teológica a un axioma estrictamente ontológico: Laysa fi'l-wujud illa Allah ("No hay nada en la existencia sino Dios"). Según esta premisa, cualquier percepción de alteridad (ghayr), multiplicidad o existencia individual separada de la Realidad Divina (Al-Haqq) es una ilusión cognitiva y una concesión al politeísmo encubierto (shirk). El universo no goza de existencia subordinada ni reflejada; simplemente, no existe como entidad independiente.

2. Antecedentes apofáticos: El contrapunto del chiismo ismailí

Para comprender la magnitud de la negación en la laysiyya, es imperativo retroceder a los siglos X y XI y analizar los fundamentos de la teología apofática en el islam, cuyo mayor grado de sofisticación se alcanzó en el pensamiento chií ismailí de la mano de figuras como Abu Ya'qub al-Sijistani (m. 971) y Hamid al-Din al-Kirmani (m. 1020).

En su esfuerzo por salvaguardar el tanzih (la absoluta trascendencia y pureza divina), los pensadores ismailíes desarrollaron un apofatismo radical. Al-Sijistani, en obras como el Kitab al-Yanabi' (El Libro de los Manantiales), introdujo el método de la "doble negación". Para evitar el antropomorfismo (tashbih) de comparar a Dios con las cosas creadas, pero también para esquivar la nulificación pura (ta'til), Sijistani argumentó que Dios no puede ser descrito ni por el ser ni por el no-ser: "Él no es una cosa, ni es una no-cosa". Dios está más allá del ser y de la existencia conceptual.

Posteriormente, al-Kirmani, en su magna obra Rahat al-'Aql (El Reposo del Intelecto), consolidó esta estructura cosmogónica integrando el neoplatonismo. Para Kirmani, Dios es lo "Inconmensurable"; la existencia misma, el ser y la luz pertenecen al Primer Intelecto (creado por la Orden Divina), no a la Esencia incognoscible de Dios.

El giro epistemológico de la laysiyya: El diálogo implícito entre el ismailismo y la laysiyya andalusí es fascinante por su inversión de términos. Mientras que al-Sijistani y al-Kirmani utilizaban la negación extrema para expulsar a Dios de la categoría de "existencia" (Dios está más allá del ser creado), la laysiyya utilizó la negación extrema para expulsar a la Creación de la existencia (Solo Dios es, el mundo no es). Ambas corrientes comparten una insatisfacción profunda con la teología racionalista escolástica (los mutakallimun) y recurren a la sintaxis de la negación total, pero difieren en el objeto aniquilado: los chiíes ismailíes anulan los atributos en Dios para salvar Su trascendencia; los sab'iníes anulan el cosmos para salvar la inmanencia de Su unicidad.

3. Desarrollo histórico y principales figuras de la laysiyya

Esta escuela, profundamente arraigada en el Occidente islámico antes de su irradiación a Oriente, se articuló en torno a figuras cuyo misticismo desbordaba las categorías convencionales.

Abd al-Haqq Ibn Sab'in (1217–1270) Nacido en Murcia, Ibn Sab'in es el sistematizador del movimiento. Dotado de un conocimiento enciclopédico de la filosofía griega, hermética e islámica, fue célebre por sus Cuestiones Sicilianas (Al-Masa'il al-Siqilliyya), respuestas a interrogantes filosóficos enviados por el emperador Federico II. Ibn Sab'in adoptó una postura iconoclasta que le granjeó enemigos en todos los frentes: criticó la lógica de Aristóteles, las limitaciones racionales de Avicena y Averroes, y la pedantería de los juristas. Para él, la verdadera filosofía culminaba en la mu'ayana (la visión directa de la Unidad) y no en el silogismo. Perseguido por sus ideas, vivió en el exilio (Magreb, Egipto) y murió en La Meca.

Abu al-Hasan al-Shushtari (1212–1269) Discípulo predilecto de Ibn Sab'in, el granadino al-Shushtari transformó la árida ontología de su maestro en misticismo popular. Renunciando a su elevado estatus social para vagar como derviche, empleó el zéjel y la estrofa popular andalusí para vehicular los conceptos de la negación del yo. Al-Shushtari logró que las clases populares interiorizaran el monismo absoluto a través de cantos que exaltaban la embriaguez espiritual y la disolución de las jerarquías religiosas convencionales.

Awhad al-Din al-Balyani (m. 1288) Pensador persa que destiló la esencia de esta vía en su Risalat al-Ahadiyya (Epístola de la Unidad Absoluta). Atribuida erróneamente a Ibn 'Arabi durante siglos por copistas que no concebían que una obra tan profunda no perteneciera al Gran Sheij, el texto de Balyani es un compendio devastador contra la dualidad. Su tesis sostiene que el místico no viaja hacia Dios, puesto que la ilusión del punto de partida (el ego) carece de realidad ontológica.

4. Conceptos fundamentales y tensiones en el seno del Islam

El armazón conceptual de la laysiyya se sostiene sobre pilares que la alejaron peligrosamente del consenso ortodoxo (iyma).

1. Monismo estricto vs. Realidad relativa: A diferencia del panteísmo o del emanatismo gradual de los neoplatónicos, el sistema sab'iní no concibe grados de existencia. El mundo es wahm (pura ilusión). Esto chocó frontalmente con los teólogos asharíes, quienes veían en esta postura una herejía (zandaqa) que abolía la Sharia (Ley Divina). Si la creación no existe, se anula el libre albedrío, la responsabilidad moral, y el acto de adoración pierde sentido objetivo.

2.  Negación del fana (extinción): En el sufismo clásico, el adepto purifica su alma hasta alcanzar el fana (la extinción del yo) para subsistir (baqa) en Dios. La laysiyya repudia este concepto por considerarlo sutilmente dualista. Balyani afirma que intentar extinguir el ego implica otorgarle una existencia previa que no posee. La salvación es meramente gnoseológica: el despertar a una unidad preexistente e inalterable.

3. Tensión con la escuela akbariana: A pesar de las similitudes superficiales, la escuela de Ibn 'Arabi mantuvo el principio de que las esencias creadas tienen una realidad en el conocimiento de Dios y, por tanto, una validez relativa. Ibn 'Arabi salvaguardaba el misterio del diálogo íntimo (el amante y el Amado). La laysiyya fue criticada por autores akbarianos de incurrir en un monismo filosófico gélido que disolvía la riqueza de los Nombres Divinos en un Absoluto indiferenciado.

5. Diálogos transversales: Misticismo comparado y philosophia perennis

La arquitectura conceptual de la laysiyya, precisamente por su extremo purismo, resulta extraordinariamente permeable a la comparación con las tradiciones espirituales no dualistas fuera del islam, evidenciando patrones universales en la mística especulativa.

Advaita vedanta y el concepto de ajata vada Sistematizado por Adi Shankara en el siglo VIII en India, el Advaita postula que solo Brahman (Lo Absoluto) posee realidad incondicionada, mientras que el universo fenoménico es maya (ilusión cósmica). Sin embargo, el paralelismo más asombroso con la laysiyya se encuentra en la doctrina del ajata vada (la teoría de la "no-creación" o "no-originación"), formulada por Gaudapada (el maestro del maestro de Shankara) en su obra Mandukya Karika. El ajata vada sostiene de manera intransigente que el universo jamás fue creado; no hay creación ni disolución, no hay almas atadas a la ilusión ni buscadores de la liberación, pues solo el Absoluto no dual es y ha sido siempre real.

Esta anulación total de la cosmogonía es el equivalente metafísico casi exacto de la ontología sab'iní. Cuando al-Balyani rechaza la necesidad del fana (extinción) argumentando que el yo nunca ha existido para tener que extinguirse, está enunciando, en la práctica, un ajata vada islámico. Asimismo, cuando el persa escribe que "Tú eres Él, pero sin tú", su postulado resuena perfectamente con la Mahavakya upanishádica Tat Tvam Asi ("Tú eres Eso"). En ambos sistemas, el problema no es ontológico (el ser humano no ha "caído" ni ha sido "creado" separado), sino puramente gnoseológico: el velo es una mera ignorancia metafísica (avidya / jahl) sobre una escisión cósmica que, en realidad, nunca ocurrió.

Budismo zen (chan) La iconoclasia de Ibn Sab'in y su desdén por las categorías discursivas encuentran un espejo fiel en la pedagogía del budismo Zen. La negación del laysa comparte la función psicológica y existencial del concepto de Vacuidad (Sunyata). Vaciar el mundo de "naturaleza inherente" no conduce al nihilismo, sino a la aprehensión directa de la Talidad (Tathata). Al igual que los maestros Zen utilizaban respuestas abruptas (koans) para quebrar la mente conceptual del novicio, los pensadores sab'iníes deconstruían el lenguaje islámico para forzar el colapso del intelecto limitante ante la Unidad.

La teología apofática cristiana De forma paralela a como los chiíes ismailíes (Sijistani, Kirmani) desarrollaron la vía negativa en Oriente, el cristianismo engendró una poderosa corriente apofática iniciada por Pseudo-Dionisio y culminada por el Maestro Eckhart (c. 1260 - 1328). Eckhart, contemporáneo tardío de Ibn Sab'in, instaba a superar a "Dios" (como construcción conceptual e imagen) para hundirse en la "Deidad" (Gottheit) inefable y vacía. Ciertas afirmaciones de Eckhart como "El ojo con el que veo a Dios es el mismo ojo con el que Dios me ve a mí" o “Dios y yo somos uno” son conceptualmente casi idénticas al axioma sab'iní de que es Dios mismo quien se reconoce a través del intelecto purificado del místico.

6. Conclusión

El movimiento laysiyya representa uno de los ejercicios de audacia filosófica más formidables de la historia del pensamiento islámico. Al transformar la negación lingüística (laysa) en un bisturí ontológico, Ibn Sab'in, al-Shushtari y al-Balyani erradicaron la alteridad para salvaguardar una unicidad sin concesiones. Vistos a través del prisma histórico, sus planteamientos no surgieron en un vacío conceptual, sino que respondían y reformulaban tensiones apofáticas preexistentes, como las exploradas magistralmente por los pensadores chiíes ismailíes Sijistani y Kirmani. Denostados por los teólogos del dogma y observados con recelo por otras cofradías sufíes, los sab'iníes legaron una de las doctrinas que con mayor claridad permite a la filosofía islámica dialogar, en igualdad de hondura mística, con las grandes tradiciones no duales orientales y occidentales.

7. Bibliografía recomendada

- Chodkiewicz, Michel (traductor y editor). Awhad al-Din Balyani: Épître sur l'Unicité Absolue. Les Deux Océans, París, 1982. (El estudio preliminar más completo sobre la doctrina pura del monismo de Balyani y su falsa atribución a Ibn 'Arabi).

- Balyani, Awhad al-Din. Epístola sobre la unicidad absoluta. Editorial Yerrahi, 2023.

- Ibn Arabi [Balyani, Awhad al-Din]. Tratado de la Unidad. Editorial Sirio, Málaga, 1987.

- Massignon, Louis. "Ibn Sab'in et la 'conspiration hallagienne' en Andalousie, et en l'Orient au XIIIe siècle". En Ignace Goldziher Memorial Volume, 1921. (Un artículo clásico y fundamental. Massignon analiza el movimiento laysiyya no solo como una escuela filosófica, sino como una red esotérica (una "conspiración") heredera del misticismo extremista y martirial de Al-Hallaj, buscando subvertir las estructuras religiosas oficiales.)

- El Moussaoui Taïb, Abdellah. El sufismo esotérico de Ibn Sabin, (s. VII-XIII d.C.) (Tesis doctoral). Universidad Complutense de Madrid, Facultad de Filosofía, Departamento de Filosofía III (Hermenéutica y Filosofía de la Historia), 2014.

- Corbin, Henry. Historia de la filosofía islámica. Editorial Trotta, Madrid, 1994. (Especialmente los capítulos dedicados al ismailismo y a la filosofía andalusí de Ibn Sab'in).

- Daftary, Farhad. The Isma'ilis: Their History and Doctrines. Cambridge University Press, Cambridge, 1990. (Esencial para contextualizar la teología de al-Sijistani y al-Kirmani).

- Massignon, Louis. La Passion de Husayn Ibn Mansur Hallaj. Gallimard, París, 1975. (y sus comentarios colaterales sobre las escuelas sufíes posteriores de la unidad del ser). Edición abreviada en castellano: La pasión de Hallaj: mártir místico del islam. Ediciones Paidós, 1999

- Walker, Paul E. Early Philosophical Shiism: The Ismaili Neoplatonism of Abu Ya'qub al-Sijistani. Cambridge University Press, Cambridge, 1993. (Referencia fundamental sobre el principio de la doble negación y la teología apofática ismailí).

- Lings, Martin. A Sufi Saint of the Twentieth Century: Shaikh Ahmad al-'Alawi. Islamic Texts Society, 1993. (Incluye reflexiones sobre la poesía de Al-Shushtari y su integración en la doctrina perenne). Edición en castellano: Un santo sufí del siglo XX: El Sayj Ahmad Al-‘Alawi.  José J. de Olañeta, Editor, 1999.

- Akasoy, Anna. Philosophie und Mystik in der späten Almohadenzeit: Die Sizilianischen Fragen des Ibn Sab'in. Leiden, 2006. (El estudio académico occidental más exhaustivo y moderno sobre Ibn Sab'in. Akasoy analiza a fondo "Las cuestiones sicilianas", desgranando la relación de Ibn Sab'in con el aristotelismo, el hermetismo y su peculiar lenguaje esotérico.)

- Corriente, Federico. Poesía estrófica (céjeles o muwashshahat) atribuida al místico granadino ash-Shushtari. CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas), Madrid, 1988

- Álvarez, Lourdes María. Abu al-Hasan al-Shushtari: Songs of Love and Devotion. Paulist Press (Classics of Western Spirituality), Nueva York, 2009.

- Álvarez, Lourdes María. "Mystical Experience and the 'Other' in the Poetry of Abu al-Hasan al-Shushtari". En Journal of the American Oriental Society, 125(3). 2005. pp. 385-397

- Cornell, Vincent J. Realm of the Saint: Power and Authority in Moroccan Sufism. University of Texas Press, Austin, 1998. (Aunque es un estudio general sobre el sufismo marroquí, contiene secciones cruciales sobre cómo al-Shushtari y la corriente sab'iní influyeron en el desarrollo de las cofradías (tariqas) del norte de África tras su exilio de Al-Andalus.)

- Guilarte, Alfonso. "Al-Shushtari". En J.M. Puerta Vílchez (ed.), Biblioteca de al-Andalus (Vol. 7, pp. 315-322). Fundación Ibn Tufayl de Estudios Árabes, Almería, 2013.

- Addas, Claude. Quest for the Red Sulphur: The Life of Ibn 'Arabi. The Islamic Texts Society, Cambridge, 1993. (Aunque es una biografía de Ibn 'Arabi, Addas dedica páginas cruciales a analizar el fenómeno de la "pseudo-epigrafía" (textos falsamente atribuidos). Explica de manera muy clara por qué el monismo monolítico de Balyani, que anula totalmente la creación, es teológicamente incompatible con el sistema de Ibn 'Arabi, justificando así la corrección de Chodkiewicz.) Edición en castellano: Ibn ‘Arabí o la búsqueda del azufre rojo. Editora Regional de Murcia, 1996.

- Twinch, Cecilia. Know Yourself: An Explanation of the Oneness of Being. Beshara Publications, Gloucestershire, 2011.


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